viernes, 22 de junio de 2012

EL SUBLIME SENTIMIENTO DEL AMOR

Cuando todo se ha perdido


Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: “Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita.”

Viktor Frankl, el autor de "El hombre en busca de sentido" pudo describir los horrores a que fueron sometidos los prisioneros en los campos de concentración. Había nacido en Viena el 26 de marzo de 1905 y murió en esa misma ciudad a los 92 años.

Fue liberado del campo de concentración el 27 de abril de 1945. Se hacía una pregunta ¿Para qué debía servir tanto sufrimiento, cuál era su sentido? Estaba triste, cansado, desesperado. Por eso se dedicó a escribir volcando allí todos sus sentimientos. Su libro fue escrito en nueve días a veces interrumpido por sollozos.

Lo que copié al principio es para significar la importancia del amor en el ser humano, cómo en los momentos críticos, cuando ya no queda nada, el amor se convierte en una luz de esperanza que en el caso de Viktor fue lo que le ayudó a soportar lo insoportable. La lectura de este libro quizá nos pueda ayudar a apreciar a las personas más allá de sus defectos y además a ser más positivos en nuestra vida, a no ser tan exigentes ni tan puntillosos.

Una primera parte se puede leer en: http://homepage.mac.com/eeskenazi/frankl.html


1 comentario:

Mabel Domínguez dijo...

No lo conocía pero por tus adelantos parece muy interesante el libro.Un abrazo